cultivo aguacate

Mejores prácticas de cultivo en aguacate (I) – Requerimientos edafoclimáticos

Conocer los requerimientos edafoclimáticos del aguacate es el primer paso para definir las mejores prácticas de este cultivo. Algunos autores consideran que el aguacate es un cultivo aún sin domesticar. Esta curiosa afirmación se refiere a que todavía conserva muchas de sus características y comportamientos originales. Por ello y, aunque el aguacate ha demostrado bastante plasticidad para adaptarse a diferentes condiciones, conocer sus limitaciones es clave para optimizar su cultivo.

Condiciones edafoclimáticas para el cultivo de aguacate

Los requerimientos edafoclimáticos de este subtropical varían entre las distintas variedades. Por ejemplo, las razas guatemalteca y mexicana pueden cultivarse hasta los 2.800 metros sobre el nivel del mar, tolerando temperaturas más bajas. La raza antillana es más típica de un clima tropical húmedo y no se cultiva por encima de los 800 metros. A pesar de estas diferencias puntuales, el aguacate suele presentar unos rangos edafoclimáticos comunes que son claves para procesos tan importantes como la floración, el cuaje y el desarrollo del fruto.

cultivo aguacate II

1. Temperatura

Al igual que otros subtropicales, el aguacate está adaptado a temperaturas cálidas pero constantes, sin grandes diferencias entre el día y la noche. Por lo general se desarrolla bien entre 20-30°C, pudiendo bajar hasta los 15°C durante la noche. Para la variedad de referencia Hass, una temperatura por debajo de los 12º en primavera puede comprometer la productividad del cultivo.

Como en el caso del mango, requiere de un periodo seco previo a la producción de frutos. Estas estaciones de calor y sequía contribuyen a la floración, cuajado y desarrollo del fruto y, en última instancia, a la caída de los mismos.

Se ha comprobado, que para una temperatura ambiental de más de 35ºC durante varias horas puede dar lugar a la desecación e inviabilidad de flores. Además, un incremento en las temperaturas disminuye la capacidad fotosintética de la planta por cierre de estomas, para evitar la pérdida de agua. En cuanto a las temperaturas mínimas, el rango de temperatura que lleva a daños por enfriamiento se sitúa entre 0 y 10 grados. 

2. Radiación y viento

En el caso del aguacate, la radiación es un factor clave para su crecimiento y productividad. Se trata de un cultivo que  presenta un punto de compensación lumínica bajo. A pesar de ello, si buscamos un buen crecimiento y rendimiento, el aguacate precisa de una buena exposición directa al sol. De hecho, las ramas sombreadas son improductivas. Por ello es importante realizar la poda correctamente.

El aguacate es un cultivo relativamente sensible al viento. Debido al mismo, se produce la caída indeseada de flores y frutos. Además limita el crecimiento al dañar los nuevos brotes y causar serias heridas en el follaje. Por todo ello, si nos encontramos en zonas con fuertes vientos, es importante contar con barreras naturales contra él o, en su defecto, colocar barreras cortavientos para reducir su efecto.

3. Humedad relativa

Al ser un subtropical, está adaptado a condiciones de cierta humedad relativa. No obstante, el exceso de humedad puede favorecer problemas fitosanitarios a los cuales es muy susceptible, como hongos que afecten a la floración (ej. Phytophthora cinnamoni). Sin embargo, niveles demasiado bajos de humedad relativa durante esta etapa, puede acarrear un incremento de la transpiración desmesurada, provocando la caída de flores por deshidratación de la planta. 

4. Precipitación

El aguacate requiere altas precipitaciones, pero repartidas en el tiempo, pues el exceso continuado podría llevar a problemas de drenaje en el suelo y caída de frutos. Por dar cifras, unos 1.200 mm anuales sería aceptable. En el caso de los climas mediterráneos, hay que complementar este déficit de agua con el riego. Sequías prolongadas llevan a la caída de hojas, lo que supone una reducción del rendimiento.

suelo aguacate

5. Suelo

Tras hablar de las condiciones estrictamente climáticas, toca presentar el otro pilar de los requerimientos edafoclimáticos del cultivo. El suelo es un factor muy importante para el cultivo del aguacate. Suele tolerar muy bien una amplia diversidad de suelos, pero se desarrolla notablemente mejor en suelos ligeramente ácidos (pH óptimo entre 6,5-7) muy ricos en materia orgánica (6-8%) y con una porosidad del 46%. Este último es un factor muy determinante ya que es bastante sensible al encharcamiento. 

Otro parámetro muy importante en un suelo, y que se relaciona inversamente con el contenido de materia orgánica es la salinidad. Por lo general, las razas mexicana y guatemalteca tienen poca tolerancia con este atributo. Sin embargo, la raza antillana presenta una tolerancia mayor, llegando a soportar los 800 mg/kg de cloruros en el caso del portainjerto Mahoz.

La salinidad se relaciona con los niveles de sodio (Na), cloro (Cl) y sales carbonatadas. Los problemas de suelos salinos se manifiestan sobre todo en zonas áridas y semiáridas, donde las escasas precipitaciones dificultan el lavado de las mismas. Las sales carbonatadas traen consigo un aumento del pH, lo que dificulta la asimilación de microelementos como zinc (Zn), boro (Bo) y hierro (Fe). La recomendación es que la concentración de carbonatos totales no supere el 10%, siendo el 6% el límite crítico para la caliza activa.

Conclusión

En este artículo mostramos los requerimientos edafoclimáticos generales para cualquier cultivo de aguacate. Como comentábamos al principio, para entender el aguacate es necesario entender su origen, ya que sigue manteniendo muchos comportamientos asociados a los lugares donde se desarrolla naturalmente como especie.

Si hablamos condiciones climáticas, la temperatura, la radiación y las precipitaciones son los más importantes. Por su parte, el viento y la humedad también deben tenerse en cuenta, ya que pueden influir notablemente en el rendimiento del cultivo. De hecho, algunas de estas características tienen influencias sobre otras. Por ejemplo, el viento puede reducir la humedad relativa, provocando la desecación de las hojas. Otro ejemplo es la distribución de las épocas lluviosas a lo largo del año. En las zonas originarias la temporada de lluvias abarca las estaciones de verano y otoño, mientras que en el clima mediterráneo la temporada de precipitación ocurre de forma contraria.

En cuanto al suelo, de nuevo observamos esa «añoranza» del aguacate por su lugar de origen. Si hubiese que destacar algo, sin duda, la sensibilidad al encharcamiento del aguacate. Por ello, la textura es quizás el factor más determinante del suelo en el que vayamos a cultivarlo.

Bibliografía

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