Historia de la Agricultura

Historia de la agricultura: primeros pasos

Hablar de historia de la agricultura es hablar de la historia de la humanidad. Si quieres saber cómo fue posible su evolución hasta la modernidad que hoy conocemos, estás de suerte. Este será el primero de una serie de artículos con los que pretendo mostrar los grandes hitos de la agricultura, aportando las razones científicas que expliquen sus éxitos y funcionamientos. ¿Estás preparado?

La historia de la agricultura es algo que todos hemos aprendido en algún momento de nuestra vida, ya sea por parte de nuestros sistemas de enseñanza, en series o películas o incluso en juegos actuales. No es esto de extrañar, debido a que la agricultura se consolidó desde hace mucho tiempo como el eje vertebrador de la civilización. Si paras a reflexionarlo un poco, lo que permite a una civilización alzarse y prosperar es el acceso a alimentos. Todo gran imperio que se precie ha podido construirse gracias a la posibilidad de disponer de una fuente importante de alimentos, ya que gracias a ello se puede invertir una cantidad mayor de tiempo en otras tareas (investigación, desarrollo, filosofía, política, artesanía,….)

Pero esto no es del todo cierto, porque algunos han sido capaces de rivalizar y hacerse un hueco en la historia sin tener nada fácil el cómo sustentarse. Las condiciones ambientales son los factores limitantes más grandes en este sector, pudiendo destacar: la temperatura ambiental, acceso a depósitos de agua dulce o sencillamente el terreno del que disponían (composición mineral del suelo u orogenia). Esto ha sido posible gracias al desarrollo tecnológico haciendo posible en algunos casos hazañas que parecerían imposibles de primera oída.

¿Qué es la agricultura?

La agricultura es una aglomeración de actividades relacionadas con el cultivo y manejo de la tierra para la producción de alimentos. La explotación de recursos naturales de la tierra se favorece por la actividad humana y da lugar a multitud de áreas de trabajo: sector de los alimentos vegetales (cereales, frutas, hortalizas, etc), productos vegetales no alimenticios pero con otros fines como la fibras para la industria textil, así como otras materias primas precisas para desempeñar otros fines.

Origen de la agricultura

La agricultura fue el fenómeno que posibilitó el asentamiento de la humanidad y el cambio de una era. La historia de la agricultura se estima que comenzó entre el 11.000 – 9.500 a.c., coincidiendo con la finalización de la última glaciación. Se desarrolló de forma independiente en distintos puntos del planeta: Sudoeste asiático, Egipto, India, China, Sahel, Nueva Guinea y en distintas regiones de América. Esta agricultura primitiva se basaba en los cultivos fundadores del Neolítico: Trigo, cebada, lino y algunas leguminosas como los guisantes, lentejas, yeros y garbanzos.

Mapa mundial con los centros de domesticación de las plantas claves en los primeros pasos de la historia de la agricultura.
Mapa mundial con los centros de domesticación de las plantas. En negro se reflejan los focos primarios, mientras que en gris los focos secundarios. Las zonas marcadas con franjas muestran áreas importantes en la domesticación de las plantas pero no determinadas como focos de origen. Las flechas nos indican la zonas de transferencia de conocimiento. Imagen extraída de Purugganan and Fuller (2009).

En cada parte del mundo, la agricultura se fue desarrollando de forma independiente y empleando las especies de las que disponían. De esta forma, por ejemplo, en China predominó el arroz, soya y poropo; mientras que en América del sur la patata, los frijoles y la coca. Si bien las bases generales eran compartidas, las técnicas especializadas en cada cultivo no podían extrapolarse debido a la diversidad entre especies, lo que supuso un proceso de evolución paralelo de la agricultura en las distintas regiones. No obstante, este desarrollo convergió finalmente gracias al contacto entre las civilizaciones y la difusión de conocimientos.

Esta agricultura primigenia fue evolucionando paso a paso mediante el clásico sistema de prueba y error, dando lugar a un  sistema poco a poco más sostenible y consistente aunque se desconocía en muchos casos por qué se debían de realizar ciertas acciones.

¿En qué se basó la domesticación de las plantas?

La domesticación de las plantas se basa en la manipulación humana intencionada de las poblaciones y comunidades vegetales a fin de potenciar aquellas consideradas beneficiosas. Para ello se pueden llevar a cabo numerosos procesos ya sea por selección, potenciación o eliminación de especies. Esto lleva a una selección artificial en la que empiezan a predominar aquellas especies interesantes para la agricultura. Pero esta selección no solo se queda al nivel de especies, sino también a nivel de individuos dentro de las poblaciones de cultivo.

Quizás pueda sonar complejo en un primer momento, pero es sencillo. Expliquemos primero qué es la selección a la que nos referimos. La selección natural, descrita por la teoría de Darwin-Wallace, se trata de un fenómeno evolutivo por el cual se determina qué individuos (y por tanto su material genético) perduran al sobrevivir y reproducirse de forma exitosa en el ambiente. Es decir, las condiciones ambientales determinan quienes son aptos para perpetuarse.

En la selección natural  se atiende a uno o varios rasgos que deben ser heredables dentro de la población. Los rasgos o caracteres deben ser además variables entre los distintos individuos e influir de algún modo en la eficiencia biológica del individuo (capacidad de dejar descendientes en la siguiente generación). Con el tiempo la acumulación de estos fenómenos favorecerá el proceso evolutivo de la población en cuestión. Veamos un ejemplo para entender bien estos conceptos:

Dentro de una población de depredadores, aquellos que gocen de una mejor vista (carácter) serán los que mayores posibilidades tengan de alimentarse y por tanto sobrevivir lo suficiente como para dejar descendencia (eficiencia biológica). Aquellos por el contrario que tengan algún defecto en la visión tendrán más opciones de desaparecer. De esta forma la población de depredadores futuros contará con los rasgos genéticos de los supervivientes (selección natural).

De lo natural a lo artificial

Pues ahora bien, si es el hombre el que determina qué tipo de individuo (animal o vegetal) es el más apropiado para reproducirse para la siguiente generación (futura temporada) entonces se aplica la selección artificial. Esta selección puede basarse en multitud de factores o caracteres del individuo en cuestión, tales como productividad, resistencia, estética, …

El tomate es un conocido ejemplo de domesticación de las plantas

Gracias a la selección artificial se logra una evolución dirigida aumentando la frecuencia con la que aparecen ciertas variaciones genéticas. Este proceso prolongado durante generaciones lleva a la culminación de nuevas razas o variedades diferenciadas de las variedades silvestres. Generalmente, la domesticación trasforma las variedades silvestres de forma continua en otras variedades que pueden llegar a depender completamente del hombre para sobrevivir y/o reproducirse.

Existen dos formas básicas de llevar a cabo esta selección: selección positiva y selección negativa. La diferencia es que la primera favorece la reproducción de los individuos que muestren los caracteres deseados,  mientras que la segunda impide o dificulta la reproducción de aquellos con características indeseables.

Este proceso fue llevado a cabo de forma básica por nuestros ancestros determinando poco a poco las poblaciones cultivables por su valor de producción o facilidad de cultivo. Era un proceso sencillo y básico por el cual identificaban que si una planta en concreto resistía mejor la sequía o producía una mayor cantidad de grano, era mejor tener más de ese tipo. Esto supuso el primer gran hito de la historia de la agricultura.

Conclusión

Este sencillo fenómeno que puede resultar tan lógico en nuestros días marcó un punto de inflexión en la historia de la agricultura y, por consiguiente, de la humanidad. Gracias a ello, se pudo pasar de la caza y recolección al sedentarismo basado en la agricultura y la ganadería. El disponer de una fuente estable de alimentos suficientes para alimentar a la población nos permitió progresar y llegar hasta donde hoy estamos.

Puede parecer que la domesticación de los alimentos es algo del pasado, pero nada más lejos de la realidad. Actualmente se realiza el mismo proceso, si bien ahora se emplean técnicas científicas más sofísticas que permiten ahorrar tiempo (varias generaciones). Esto se debe a que para alimentar a la creciente población se deben conseguir variedades de cultivo más productivas, con mayor aporte nutricional, que resistan más el estrés ambiental, etc.

Como vemos los pasos emprendidos hace miles de años no son más que el inicio de un camino hacia un futuro cada vez mejor para la humanidad. Ser conscientes de nuestro pasado es vital para recordar el rumbo que debemos seguir como especie. Conocer nuestros orígenes nos ayuda a revalorizar lo que tenemos, dejando de lado la superficialidad y las banalidades que copan la sociedad actual, impidiendo valorar lo realmente importante. En un campo tan clave y básico como la agricultura, este hecho se reafirma especialmente. Parafraseando a Newton, lo que hoy sabemos y aprovechamos se debe a que trabajamos a hombros de gigantes. En este sentido, no hay mayor gigante que la historia de la agricultura. Por ello, como parte del sector, es especialmente interesante que conozcamos nuestro pasado para poder construir nuestro futuro de la mejor manera posible.

Bibliografía

Mapesand, A. C. J. C. C., & Zárate, S. (1997). Manejo De La Vegetación, Domesticación De Plantas Y Origen De La Agricultura En Mesoamérica. Boletín de la Sociedad Botánica de México61, 31-47.

Purugganan, M. D., & Fuller, D. Q. (2009). The nature of selection during plant domestication. Nature457(7231), 843-848.

Sampedro, J. (2002). Deconstruyendo a Darwin. Los enigmas de la evolución a la luz de la nueva genética. Ciencias97(097).

 

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